No, nunca he tenido un tío que fuese viajante de comercio. Pero me hubiera gustado tenerlo. Y, en ese caso, me habría gustado que fuese como el Trafalgar Medrano que protagoniza (y narra) este libro de Angélica Gorodischer.
Igual no es su obra maestra (seguramente ésta es Kalpa Imperial) pero Trafalgar me resulta un libro más cercano, más entrañable y, cada vez que lo leo, tengo la sensación de que el narrador me habla a mí directamente, y está conmigo, sentado al otro lado de la mesa contándome sus chismes y explicándome las cosas raras que ha encontrado en su último viaje por la galaxia para vender algún cachivache.
Porque eso es Trafalgar: la historia de un tipo de hoy en día que dice que es viajante… fuera de la Tierra. Y vuelve de sus viajes, se encuentra una amiga en el café y le cuenta lo que le ha pasado.
Una tontería, parece a primera vista, ya lo sé. Pero en cuanto empiezas a leer, el libro te pilla y no te suelta hasta que lo has terminado. Y lo que es más importante, el tipo que está narrando el libro te pilla y no te suelta hasta que ha terminado de contarte su historia. Y, mientras te la cuenta, te la crees. E incluso después de terminar, dudas.
Confieso que cuando lo leí por primera vez, hace un montón de años, me enamoré un poco de Trafalgar Medrano. Y aún hoy, cuando voy a tomarme un café, no pierdo la esperanza de que aparezca por ahí y me cuente algo sobre su último viaje.