A veces tengo la impresión de que él solo ha inventado la ciencia ficción española. No es cierto, claro, y además sería injusto verlo así.
Pero es el primer autor español de ciencia ficción que leí, hace ya unos añitos. Y su obra tenía un… sabor tan característico, tan de aquí, que supongo que la idea, aunque falsa, es comprensible.
Fue una novelita que no parecía gran cosa, pero que se te iba metiendo dentro poco a poco y que, además, estaba llena de cargas de profundidad ideológicas. Y de muchas otras cosas: de un sentido del humor muy gamberro, de una ironía tremendamente demoledora y de un sentido de la narrativa que no te daba descanso. Era El señor de la rueda, y leerla me convirtió en una incondicional suya.
Después me leí Viaje a un planeta Wu-Wei y disfruté como una enana (uy, qué políticamente incorrecto, Dios bendito). Me lo pasé de miedo, y creo que hasta me enamoré un poco del personaje del Manchurri.
Las otras cosas suyas que he leído me han gustado menos, lo que no quiere decir que estén mal, para nada. Pero creo que con esas dos novelas Bermúdez dio el do de pecho, aunque sin duda lo que hizo a partir de entonces es interesante y sigue teniendo muy mala idea y una carga ideológica bastante cañera. Estuvo un tiempo semi retirado del género, pero volvió con bastante fuerza en los años noventa. Sin embargo, no sé si por desinterés de los editores o del público o por cansancio personal, parece que ha abandonado la ciencia ficción. En Nova apareció no hace mucho una novela suya, pero creo que era una historia antigua que había quedado inédita hasta el momento; y no parece que esté preparando nada nuevo.
Es una pena, porque en los años setenta, cuando nadie apostaba un duro por la ciencia ficción española, demostró que existía, que tenía unas señas de identidad propias y que podía ser buena y enormemente entretenida. No fue el único autor de esa época, pero quizá sí el único que no se quedó en un puñado de cuentos cortos, o uno de los pocos.
Sé que esto lo he repetido demasiado en las últimas entradas. Pero no pierdo la esperanza de ir un día a la librería y encontrarme una nueva novela suya.